Por Gabriela Leoni Olivera – Psicóloga
Marzo 2010
Autismo infantil
TRATAMIENTO DOMICILIARIO: algunas cuestiones a tener en
cuenta
Una vez recibido el diagnóstico o aproximación
diagnóstica de su hijo, muchos padres se cuestionan:
¿cuál será el tratamiento más
adecuado para él?
Existen distintos enfoques y lineamientos teóricos,
como también estilos de tratamientos y profesionales
específicos para cada caso particular. Asimismo,
un tratamiento puede hacerse en un CET (Centro Educativo
Terapéutico), o pueden ofrecerse prestaciones particulares
en consultorios profesionales externos o dentro de un hospital,
o se puede recurrir a un TRATAMIENTO DOMICILIARIO.
Pero… ¿qué es un TRATAMIENTO
DOMICILIARIO?
Un tratamiento domiciliario es aquel que se realiza
en el domicilio del paciente. Allí asisten los terapeutas
de un equipo interdisciplinario (“terapeutas base”)
para realizar la programación terapéutica
previamente planificada por un coordinador (“terapeuta
jefe”).
Implica mucho compromiso por parte de los padres o tutores
del niño. No solo porque deberán acomodar
y pactar horarios con los terapeutas que irán a su
domicilio, sino porque además deberán comprometerse
a estar siempre presentes, al menos uno de ellos, mientras
el terapeuta esté trabajando con el paciente. Este
aspecto a veces puede resultar muy invasivo para algunos
padres.
Además, a diferencia del llevado a cabo en un CET
o consultorio, en este caso los padres o tutores deberán
hacerse cargo de los gastos de materiales para los programas,
que quedarán en su domicilio para uso de los terapeutas
con el niño.
¿Se puede realizar un TRATAMIENTO DOMICILIARIO
en cualquier domicilio?
Para poder realizar este tipo de tratamiento es necesario
tener en cuenta varios factores:
-
Cuarto independiente: es decir,
un cuarto en lo posible apartado de los otros ambientes
comunes al resto de la casa. Se evita usar el living,
la cocina o el comedor. Lo ideal es un cuarto neutro
o el cuarto del mismo paciente, siempre que haya lugar
para colocar una mesita con dos sillas y que quede algo
de espacio para poder jugar también en el piso.
-
Hermanos: no debemos olvidarnos
de ellos, de sus intereses, de su intimidad, de que
son personas que también tienen necesidades y
deben continuar su vida. Si el domicilio del paciente
es muy pequeño, si el cuarto en cuestión
es compartido con los hermanos y estos están
presentes durante las mismas horas que van los terapeutas
al domicilio, no se aconseja el tratamiento domiciliario.
Como comenté antes, puede resultar a veces muy
invasivo para los padres, pero también para los
hermanos y es adecuado respetarlos.
-
Orden y limpieza: el ambiente donde
se trabaja deberá estar lo más ordenado
y limpio posible. Esto, lejos de ser un capricho, se
debe a que, entre los objetivos terapéuticos,
está el de enseñarle al niño a
ser ordenado: no tirar cosas en cualquier lugar de la
casa sino guardarlas en donde corresponda, etc. Asimismo,
le enseñaremos a estar aseado: lavarse cuando
se ensucia, vestirse, bañarse, lavarse los dientes
luego de comer, etc.
-
Profesionales: los terapeutas que
irán al domicilio del paciente son PROFESIONALES,
por lo tanto, se los tratará como tales. Es decir,
los padres los recibirán adecuadamente vestidos,
respetando el horario pactado, y estarán presentes
en el domicilio durante toda la sesión.
-
Programas: requieren materiales
que en muchos casos deberán comprar los padres
puesto que estos permanecerán en el domicilio
del paciente.
Estarán ordenados en cajas o canastos. Los padres
junto con los terapeutas deberán procurar que
no estén al alcance de otros hermanos, para evitar
que puedan desordenarlos o romperlos, y facilitar así
el trabajo de cada día.
Entonces… ¿qué
beneficios tiene este tipo de tratamiento?
Los “tratamientos domiciliarios” facilitan la
enseñanza de actividades funcionales y de la vida
diaria, tales como lavarse los dientes, comer, vestirse,
bañarse, guardar objetos y hasta cocinar. Cuando
este tipo de actividades se enseña fuera del hogar
del niño, resultan a veces muy difíciles de
implementar luego en su casa.
Por eso, al enseñárselas en su ambiente cotidiano,
es mucho más fácil que el niño las
adquiera como un hábito, y por consiguiente que sus
padres o tutores puedan ayudarlo (dependiendo de cada caso)
adecuadamente, con la supervisión y consejo del terapeuta.
Una característica muy importante de este tipo de
tratamientos es la posibilidad de trabajo directo con los
papás. El terapeuta se acerca a la realidad de la
familia, y eso facilita que la intervención sea más
sencilla y para los padres más fácil de aprender,
sobre todo cuando se trata de intervenciones en problemas
de conducta y habilidades sociales.
El objetivo más importante de este tipo de tratamientos
es lograr que el paciente adquiera la mayor independencia
y autosuficiencia posible en su ambiente cotidiano.
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