Por Miguel Ángel García
Coto - Médico psiquiatra de niños
Director de GrupoCIDEP
Mayo 2011
¿Trastornos del
Espectro del aAutismo (TEA) o un modelo TOC infantil?
Variaciones sobre algunos conceptos del libro del Dr.
Herbert Chappa: Tratamiento Integrativo de los Trastornos
Obsesivo-compulsivos, Ed. AKADIA, Buenos Aires 2010).
S. es un niño de 6 años con buena capacidad
de comunicación de necesidades y atención
social fluctuante. En distintos momentos con diferentes
compañeritas de clase tuvo épocas en las
q les decía frases de tono agresivo (y de posibilidades
de concreción prácticamente nulas). El problema
no era tan importante en cuanto al contenido sino a la
frecuencia: en media jornada de clase esto podía
ocurrir cien veces (numéricamente). Comenzaron
a trabajar refuerzo de conductas positivas con economía
de fichas. S estaba interesado en ganar las fichas pero
le costabas mucho contenerse y su angustia y ansiedad
eran tan grandes en la exposición q comenzó
a evitar ir a la escuela. Cuando concurren a la consulta
modificamos la hipótesis de trabajo así
como las técnicas a utilizar, y los resultados
hasta el momento parecen mejorar la situación permitiéndole
al niño una conducta mas adaptada al contexto.
Usamos la nomenclatura TOC, como analogía con el
del adulto a pesar de las diferencias tanto conceptuales
como clínicas: en el adulto tal vez aún
se puede discutir si se trata de un trastorno del pensamiento
el q dispara una conducta supuestamente neutralizadora
o si primero es la conducta y luego por una especie de
“compulsión a la coherencia central”,
se elaboraría una explicación y/o justificación
suficientemente convincente como para salvar la noción
de “autocoherencia”.
“Pero si hablamos del supuesto TOC de los niños
esta ecuación mental no parece ser muy útil
a la hora de pensar hipótesis psicopatológicas
o cognitivas. ¿son las conductas las que van primero?
Veamos. Si evolutivamente el cerebro reptiliano (*) dispararía
conductas adaptativas y a partir de los pasos evolucionarios
siguientes, el cerebro se empieza a desarrollarse como
productor de significados (inventando entre otras cosas
la política y la economía): ¿no será
que primero aparece la conducta y después la búsqueda
de la “coherencia central” productora de la
salud mental? (Uta Frith lo explica para los autistas).
Entonces ¿“hago y luego soy” (perdón
René)? Y esto ¿tiene que ser un absoluto?
¿No será como proponen Herbert y los otros
autores, un arco iris (versión amable de espectro?)
¿entonces: a veces es: pienso y luego existo, y
otras al revés? ¿Y otras más todavía,
estoy intentando entender cómo hago y cómo
y cuando pienso?
Yo me dedico a trabajar con niños con trastornos
del desarrollo y lo que a mí me preocupa es encontrar
el foco de la conciencia del niño y el campo de
lo inconsciente (aquello que no sé que percibo
pero incorporo, aquello que no sé que estoy procesando
pero proceso, aquello que controla muchas de mis decisiones,
etc.). Solamente si puedo construir hipótesis clínicamente
viables puedo diseñar intervenciones potencialmente
eficaces para neutralizar los efectos de estos trastornos.
Veo niños con verdaderas “adicciones conductuales”
(#) que, por un procedimiento de adultomorfismo, llamamos
conductas compulsivas u obsesivas. Pero qué paradoja!!
Si eso yo lo veo en niños de dos años y
meses!! ¿Es que ya puedo imaginar una obsesión
y la correspondiente conducta compulsiva que neutralice
la ansiedad? Lo llamativo es que la ansiedad desorganizante
de estos pequeños que no pueden desplegar sus conductas
porque no se les permite o no se les da la oportunidad,
se parece mucho a una especie de “abstinencia conductual”,
y desaparece cuando se externalizan las conductas en cuestión.
Es difícil pensar
en una ecuación TOC como la del adulto. Aunque,
si tenemos en cuenta que puede haber un pensamiento no
verbal, un pensamiento de imágenes (visuales, acústicas,
algorítmicas, etc.), tal vez podamos construir
alguna hipótesis interesante para entender en presencia
de qué tipo de fenómeno estamos. Pero eso
ya implica explorar vías de exteriorización
que no son las convencionales, ni están mediadas
por la palabra. Un verdadero desafío, tanto para
comprender como para diseñar intervenciones.
¡¿Por qué no podría pensar
también en un posible TOC no cognitivo o TOC Conductual?!
¡Ahí si se manifestaría primero la
conducta y luego el pensamiento! Ahora bien: si pienso
en un TOC no cognitivo como polo de un espectro ¿ello
podría ser el inicio de un posible endofenotipo
OC? Si uno piensa la psicopatología también
como un concepto de desarrollo y no dividiéndola
en bebes, niños, adolescentes, etc. ¿cómo
podemos entender lo que estamos diciendo? Si tomamos las
hipótesis evolucionarias ¿por qué
no tomar también las ontogenéticas? En tanto
la ontogenia reproduce la filogenia como dijeron unos
cuantos antes que yo, el cerebro reptiliano sigue operando.
Por lo tanto, hay conductas que están bajo su control;
se disparan así como surgen.
Pero ahí está nuestro cerebro constructor
de significados, que trata de incluirlas en las categorías
lógicas convencionales, en defensa de las autopistas
neurales ya construidas. ¿Tal vez opere más
en el niño y menos en el adulto? ¿Por qué
no igual? Sólo que en un caso uno tolera y la discordancia
lógica (o aún no percibe el conflicto),
y en otro tiene que disfrazarla de coherencia sanitaria
y social. En fin, clínicamente al menos -como dice
Herbert-, no hay un TOC, hay muchos. Y tal vez el espectro
no se construya solamente en base al resultado final constituido
por las conductas y los pensamientos. Después de
todo, las conductas y los pensamientos son la fase final
de cascadas de acontecimientos biológicos, ambientales
y de la propia subjetividad que, por efecto de su propia
trayectoria, determinan que una persona quede sujeta a
interferencias que le impidan el desempeño cotidiano
y evolutivo.
Y siguen las preguntas, aunque no pongamos el signo de
interrogación: los intentos desesperados por dotar
de lógica a conductas e ideas, promueven una secuencia
de pensamientos, conductas, emociones, que adquieren una
solidez difícil de conmover o modificar. Parece
tratarse de una “configuración TOC”
que termina no siendo lógica, que se asemeja a
una imagen, o a un algoritmo, o a una representación
mental no verbal. Más tarde, resulta difícil
abordarla desde la lógica o desde lo verbal. Se
necesitan algoritmos. La exposición es uno de ellos,
aunque no el único. De todos modos, la configuración
TOC estaría presente en todos los fenotipos clínicos
diferentes en los que puede presentarse este trastorno.
Está bueno esto de poder externalizar las intuiciones
clínicas que sustentan la práctica de uno:
porque en definitiva son ejercicios mentales destinados
a diseñar intervenciones que puedan disminuir el
sufrimiento de quien confía en uno como profesional”.(me
cito a mi mismo como autor del prologo del libro mencionado)
Y si hablamos de dificultades entonces aparece otra q
desarrollaremos en otro momento: si la necesidad de ejecutar
ciertas conductas es tan urgente y estresógena
también para un niño, no hay dudas de cual
será el referente para la toma de decisiones cotidianas
en todo tiempo y lugar (sobre todo cuando las conductas
son muy invasivas). Y eso determinará una disminución
o exclusión de la variable social como referente
habitual. Y si eso se prolonga en el tiempo y penetra
el desarrollo del niño, por efecto trayectoria
caerá también no solo el desempeño,
sino el interés, y la capacidad para hacer frente
a los desafíos sociales. Y si esto fuera así
la variable TEA es posterior y trayectorio-dependiente?
No me atraen las soluciones simples para los problemas
complejos, ni siquiera cuando las pienso yo mismo. Por
lo tanto esto me gusta mas como un desafío cognitivo
y clínico para quienes tienen como yo la responsabilidad
de tratar con chicos cuyo desarrollo no ocupa el centro
de la pista. Este modelo parece mucho mas adecuado para
explicar el modelo TOC infantil : lo primero es la conducta.
Y no podemos pensarla (sería evolutivamente imposible)
dentro de la ecuación pensamiento/creencia y luego
compulsión. Por lo tanto es interesante q podamos
tomar los otros modelos posibles (ver el de la Adicción
conductual). Y esto lo pensariamos en terminos de psicopatología
: cual es el botón on/off q dispara la conducta
?, esta conducta es repetitiva : ¿porqué
?, es obligada e impuesta (no elegida ni decidida voluntariamente)
¿porqué ?. muchas preguntas q seguiremos
desarrollando en principio en este lugar entre otros.
En otro escrito vamos a trabajar otra hipótesis
: la del control, a propósito del PDA Sindrome
de Evitación Extrema ante la Demanda (Elizabeth
Newson).
(*) Estas expresiones ritualísticas podrían
estar relacionadas, afirma Gilbert (1992 b, pág.
45) “a manifestaciones de conductas ancestrales
y en términos evolucionarios a formas primitivas
de la vida animal, reptiliana”.Los seres humanos
tenemos un “cerebro reptiliano y muchas de las rutinas
de comportamiento evolutivas continúan potencialmente
disponible”; desde este punto de vista el cerebro
evolucionó mediante “sistemas constructores
de significados para facilitar el comportamiento y favorecer
la integración y la supervivencia” (Gilbert
1992 b op. cit.).(Herbert Chappa, op cit)
(#) “Un número de características
fenomenológicas del TOC tales como la pérdida
del control voluntario, la repetición, la compulsión,
el reforzamiento de la conducta, los hábitos aberrantes
aprendidos, y la duda o la incertidumbre como conducta
adictiva, pueden ser comprendidos dentro del concepto
de “adicción conductual”. En particular,
las acciones compulsivas-ritualísticas muestran
similitudes con la conducta adictiva”( Neurobiología
del TOC - José Luis Carrera, capítulo V,
op. Cit.).
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