Por Dr. Guillermo Bernaldo de Quirós
¿A qué se
llama Déficit de la Atención/Hiperactividad?
El Sindrome de Déficit de Atención-Hiperactividad
es un sindrome de la conducta que se caracteriza, habitualmente,
por la presencia de 3 síntomas: hiperactividad,
falta de atención e impulsividad. Hiperactividad
es sinónimo de hiperkinesia, y significa excesiva
actividad motora. La hiperactividad tiene grados de severidad,
desde niños que manifiestan simplemente inquietud
motora cuando deben permanecer sentados a la hora de comer
o cuando deben hacer tareas escolares, hasta aquellos
que están en actividad permanente aún cuando
miran televisión. La falta de atención está
referida a la presencia de períodos cortos de atención
(atención sostenida) y se manifiesta en aquellas
actividades que no gratifican al niño de manera
inmediata, y que le demandan un esfuerzo mental. Impulsividad
es el actuar antes de pensar. Las conductas en cuestión
varían en intensidad pero no en calidad con respecto
a lo normal. Esto es, las conductas que niños normales
tienen a veces, éstos niños las presentan
frecuentemente.
Es importante tener en cuenta que hay muchos niños
con severos problemas de atención que no tienen
historia de hiperactividad. En la actualidad se reconocen
3 variantes de éste sindrome: en la primera predominan
los problemas de atención por sobre la impulsividad
o hiperactividad; en la segunda predominan los síntomas
de impulsividad e hiperactividad, y la tercer variante
es mixta (se ven todos los síntomas).
¿Cuál es
el criterio diagnóstico?
Tanto la Organización Mundial de la Salud
(OMS) como la Asociación Psiquiátrica Americana
(APA) reconocen la existencia de éste síndrome.
Existen trabajos acerca del mismo desde principios de
siglo, y fue recibiendo a lo largo de los años
distintas denominaciones: daño cerebral, daño
cerebral mínimo, disfunción cerebral mínima,
síndrome hiperkinético, problemas de aprendizaje,
y reacción hiperkinética de la infancia.
Hoy sabemos que en no más del 5% de los casos es
debido a daño cerebral. La APA, en su Manual de
Diagnóstico y Estadística (DSM IV) establece
los siguientes criterios:
-
Muchas veces no presta atención
a los detalles o comete errores por descuido en su trabajo
escolar u otras actividades.
-
Muchas veces tiene dificultades
para mantener su atención en actividades o juegos.
-
Muchas veces parece no escuchar
cuando se le habla.
-
No sigue las consignas o las abandona
sin terminar su trabajo escolar, tareas en casa, o trabajo
(que no sea debido a falta de comprensión de
consignas o a conducta oposicionista).
-
Tiene muchas veces dificultades
para organizar sus trabajos o actividades.
-
Evita o le desagrada empezar actividades
que requieren de un sostenido esfuerzo mental.
-
Pierde las cosas que necesita para
sus actividades.
-
Se distrae muchas veces frente a
estímulos ajenos a su tarea.
-
En muy olvidadizo en sus actividades
diarias.
-
Es inquieto con sus manos y pies
cuando debe permanecer sentado.
-
No puede permanecer sentado en clase
o en situaciones donde se espera que lo haga.
-
Muchas veces corre o trepa de forma
excesiva en situaciones inapropiadas (en adolescentes
o adultos puede estar limitado a una sensacion subjetiva
de inquietud).
-
Muchas veces tiene dificultades
para jugar de manera callada.
-
Esta en actividad constante como
si estuviera impulsado por un motor.
-
Muchas veces habla en forma excesiva
-
Muchas veces responde sin que se
haya terminado la pregunta.
-
Muchas veces tiene dificultades
para esperar su turno.
-
Muchas veces interrumpe las actividades
o cuando otros están hablando.
¿Es éste
un problema frecuente?
Estudios realizados en Europa, Estados Unidos y Canadá
encuentran que entre el 5% al 10% de niños en edad
escolar presentan éste problema. En nuestro país
el único estudio realizado mostró una incidencia
del 7%. Como también sucede con niños que
tienen Dificultades Específicas de Aprendizaje
(dislexias, discalculia) y otros problemas del desarrollo
(autismo, problemas de conducta) es más frecuente
en varones que en mujeres, en relación de 3-2:1,
esto es, 3 varones por cada mujer.
¿Como afecta éste
problema al desarrollo de un niño?
Los problemas de la atención e hiperactividad tienen
un significativo impacto en el desarrollo social y académico
de un niño. En edad temprana, los padres característicamente
refieren que el niño salta de juguete en juguete
ó de juego en juego, sin poder focalizar su atención
en ninguno por mucho tiempo. La hiperactividad se convierte
en un difícil problema de manejo en especial a
la hora de las comidas, cuando debe hacer tareas, o en
lugares públicos. Las rutinas diarias (como lavarse
los dientes, vestirse ó hacer los deberes) son
motivo de discusión permanente. A diferencia del
niño negativista, éste simplemente las posterga
de manera indefinida. La falta de atención en el
colegio hace que deje sus trabajos incompletos y no entienda
las explicaciones de la maestra. Son niños desprolijos
y desordenados.
Un rasgo frecuente pero poco estudiado es su labilidad
emocional. Por lo general, éstos niños se
frustran ante la primera dificultad que encuentran, o
cuando no obtienen lo que quieren. Esta frustración
se manifiesta por rabietas explosivas de comienzo súbito
y final abrupto, de la que parece no quedar memoria alguna
momentos más tarde. La impulsividad se manifiesta
por interrupciones constantes a la actividad de otros
o cuando mayores están hablando.
El resultado final es un rendimiento pobre e inconstante,
que en muchos casos es causa de fracaso escolar, con la
consiguiente disminución de su autoestima, a pesar
de ser niños con capacidad intelectual normal.
Si el problema no se corrige, es frecuente que progrese
a un cuadro de depresión en la preadolescencia
o adolescencia. Un 50% de casos se asocian a problemas
de conducta (desobediencia y/o agresión). Un 30%
de casos se asocian a problemas específicos de
aprendizaje (dislexia).
Desde el punto de vista social, la incapacidad para adaptar
la conducta a los requerimientos del medio provoca en
muchos casos rechazo y aislamiento. Estos niños
son por lo general inmaduros en su interacción
social, y parecen llevarse mejor con niños de menor
edad.
¿Cómo se
debe tratar el problema?
Partiendo de un diagnóstico correcto, y de una
evaluación de las dificultades que presenta cada
niño en particular, un tratamiento exitoso debe
necesariamente contar con la colaboración de padres
y maestras. Para ello es indispensable que todos los profesionales
involucrados conozcan sobre la existencia de éste
problema.
El tratamiento debe ser multidisciplinario , y 3 son los
pilares del mismo:
(1) Tratamiento médico.
(2) Orientación a padres (Técnicas para
modificar la conducta).
(3) Planeamiento educacional.
Existen numerosas medicaciones, de las cuales los estimulantes
centrales (metilfenidato) son los de primera elección.
El metilfenidato es uno de los fármacos mejor conocidos
en psiquiatría infantil. Se lo utiliza desde 1957,
en niños a partir de los 5 años de edad.
No todos los niños con AD/HD precisan de medicación,
pero por otro lado, la falta de medicación en algunos
casos puede hacer que todo el tratamiento fracase. El
regimen de medicación debe ser planeado caso por
caso, y no crea hábito ni dependencia. Por el contrario,
niños no tratados son los que tienen el riesgo,
por sus fracasos repetidos, de desarrollar conductas adictivas
en la adolescencia. Los efectos colaterales son poco importantes
y transitorios, y deben ser explicados por el médico
tratante.
Dr. Guillermo Bernaldo de Quirós
Ex-Fellow, Department of Behavioral Neurology, Kennedy
Shriver (MA)
J.E. Uriburu 1555 2º A C1114AAN Capital Federal
Tel.: 4803-5419 / E-mail: bernaldodequiros@fibertel.com.ar