Por Flavia Sinigagliesi - Agosto
2007
Hay recuerdos difíciles de borrar, algunos muy
lindos, y otros que a veces nos duelen solamente con traerlos
a nuestra memoria.
También están los recuerdos que aunque
fueron muy dolorosos, ahora son lejanos y uno puede contarlos,
quizás como una manera de que los demás
sepan que ahí están.
Y entonces… empecemos con la historia.
En mi casa la cena era y es el momento de reunión
familiar más importante. Como buena familia italiana
la comida es fundamental cuando somos más de dos.
Pero esa noche, no era la comida lo que nos reunía
alrededor de la mesa, sino la lectura de un libro que
cambiaría nuestra historia.
Yo con mis 21 años, estando en 4to años
de medicina., era la que leía en voz alta palabras
tales como “autismo”, “encapsulamiento”,
“madre freezer”, “retraso mental”,
“aislamiento”.
Alrededor de la mesa eramos 10 en total: mi hermana y
su marido que se habían venido a la casa de mis
padres a vivir pues con sus 4 hijos ya no entraban en
el departamento, mis padres , mi novio y yo.
Todos estaban en absoluto silencio, los niños percibían
que se estaba hablando de algo importante.
Mi hermana repentinamente se larga a llorar, mi cuñado
se va, mi padre decía que el libro estaba equivocado
y yo seguía leyendo. Cada uno con la reacción
que podía, con la que se sentía más
seguro (con los años entendí que cada uno
siguió respondiendo con el mismo patrón…).
El libro que leía era el de Psiquiatría
Infantil de Ajurriaguerra; las pocas hojas que estaban
dedicadas al autismo.
Era el único libro que conseguimos cerca de la
Facultad de Medicina que tenía dedicado exactamente
2 carillas a este tema.
Esa tarde un médico nombró por primera
vez la palabra autismo, una palabra nunca escuchada por
nosotros, pero que sonaba muy grave. Quizás fue
la manera en que la dijo o la cara que puso, pero sabíamos
que algo andaba muy mal.
Y asi nos enteramos que Charly era autista.
En ese momento Charly tenia 4 años y medio, ya
pasaron 22 años.